Se fragmentaron los ojos por jugar al olvido
y los dedos fueron deshojados de las manos intentando equilibrar la melodía.
Nos vestimos de silencio para contener los sentidos,
nos pusimos de frente al paredon, con muñecas atadas, esperando el choque.
Se convirtieron en lobos, desgarrando pieles, aullandole a una luna
lejana, y nosotros fuimos sus presas.
Sumisas presas, obedientes
esclavos del dolor.
Las piedras en
la cara estrenaron pupilas ya vencidas
y cada palabra desalmada que
disparaban a nuestros pechos,
le devolvieron los latidos a corazones
extintos.
Ametrallaron las esperanzas con el odio mas inhumano sentido
por el hombre,
y aún asi, seguimos erguidos.
Afrontando balas,
desafiando tormentas y esquivando palabras malintencionadas,
porque
somos corteza y llevamos oculto en nuestra sangre el eterno secreto de
una vida sin final.
No hay comentarios:
Publicar un comentario