miércoles, 11 de febrero de 2015

Corazones extintos, lobos hambrientos.

Se fragmentaron los ojos por jugar al olvido 
y los dedos fueron deshojados de las manos intentando equilibrar la melodía.
Nos vestimos de silencio para contener los sentidos, 

nos pusimos de frente al paredon, con muñecas atadas, esperando el choque.
Se convirtieron en lobos, desgarrando pieles, aullandole a una luna lejana, y nosotros fuimos sus presas. 

Sumisas presas, obedientes esclavos del dolor.
Las piedras en la cara estrenaron pupilas ya vencidas 

y cada palabra desalmada que disparaban a nuestros pechos, 
le devolvieron los latidos a corazones extintos. 
Ametrallaron las esperanzas con el odio mas inhumano sentido por el hombre, 
 y aún asi, seguimos erguidos. 
Afrontando balas, desafiando tormentas y esquivando palabras malintencionadas, 
porque somos corteza y llevamos oculto en nuestra sangre el eterno secreto de una vida sin final.